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miércoles, 6 de agosto de 2014

Barquitas de calabacín rellenas de bacalao

Estamos en plena época de calabacín. Si tenéis campo, probablemente estaréis cogiendo calabacines grandes como zepelines. Si no, en cualquier verdulería los encontraréis bien lustrosos.

En cualquier caso, esta receta queda súper aparente y se hace más o menos rápido.
Ingredientes (para comer dos personas o picar cuatro):
1 calabacín tipo zepelín (y si son pequeñicos, dos)
Media cebolla
4 ajetes tiernos
300-400 gr. de bacalao seco desalado
1 cucharada de harina
Una chorradita de vino blanco (si lo echas en un vaso, un dedo más o menos)
Queso para gratinar
Aceite, pimienta y sal

¿Cómo se hace?

Lavamos el calabacín y lo partimos por la mitad en horizontal y, luego, en vertical. Nos tienen que quedar como una especie de barcas de calabacín.

Los vaciamos con una cucharilla y guardamos la carne del calabacín ya que la usaremos en el relleno. En una olla, ponemos a hervir durante unos 7 minutos nuestras barcas de calabacín. Cuando estén tiernas, las sacamos de la olla y las pasamos por agua fría para que dejen de cocerse. Reservamos en la fuente que vayamos a usar para el horno.

Para hacer el relleno, comenzaremos picando la cebolla y los ajetes bastante finos. Los pochamos en una sartén con un poquito de aceite. Cuando la cebolla esté transparente, añadiremos la carne de calabacín y dejaremos que se rehogue todo bien durante 4 o 5 minutines más. Mientras tanto, quitamos la piel al bacalao y lo deshacemos con los dedos -así, si hay alguna espina, la notaremos enseguida- y, también, lo echamos a la sartén. Nuestra mezcla se tendrá que cocinar unos minutos más.

Seguidamente, será hora de hacer una especie de bechamel: en la misma sartén donde está el bacalao con las verduras, dejaremos libre una esquinita para echar la cucharada de harina y cocinarla un poco para que pierda el sabor a crudo. Luego mezclamos bien con el resto de ingredientes y vertemos nuestro dedito de vino. ¡Hala! Ahora a esperar a que se consuma durante 3 o 4 minutos para que se evapore el alcohol. Ya solo faltará rectificar de sal y añadir un poquito de pimienta y dejar enfriar la masa en un plato hondo.

Para montarlo, solo hay que salar las "barquitas" de calabacín y echarles una chorradita fina de aceite. Luego, con una cuchara, vamos vertiendo la masa del relleno hasta cubrir el hueco. Por encima, pondremos una buena capa de virutas de queso. Tendrán que estar en el horno, a 200º, unos 5 minutos; vamos, hasta que se gratine el queso.

¡Chimpún!
* Y diréis: "Pero qué pinta más rara tiene ese gratinado, ¿no?" Normal, eché un Pecorino que me empeñé en comprar el otro día pero que, obviamente, no es de los más recomendados para meter al horno...
* Podéis preparar la masa del relleno por adelantado. Yo eso hice. Lo único que cambié fue que puse el horno un poquito más suave durante unos minutos para que los calabacines estuvieran calentitos a la hora de comerlos. Luego, ya, 200º y a gratinar.



viernes, 11 de julio de 2014

Labni Charif Style

La base del labni es un buen yogur griego deshidratado. A partir de ahí, las variables son infinitas.
Esta incluye cebolla y orégano; pero también la encontraréis con ajo o hierbabuena.


Ingredientes:
Yogur griego
Cebolleta tierna (yo calculo media cebolla por cada 250 gramos de yogur. Así que cada tarrito de yogur, de 125 gr. normalmente, supondría un cuarto de cebolleta)
Sal
Aceite de oliva bueno
Orégano o hierbabuena

¿Cómo se hace?
Coge el yogur y sécalo. Así es como se haría normalmente: poniéndolo en un colador de tela durante, al menos, 12 horas.

Así es como lo hacemos la gente vaga: secándolo con dos papeles de cocina durante 20 o 30 minutos.

Mientras se deshidrata el yogur, hay que picar la cebolleta muy fina, muy fina. Una vez el yogur haya adquirido la textura que busquemos, en un bol lo mezclaremos con la cebolla. Añadiremos, además, sal y orégano al gusto y revolveremos bien.

Se refrigera durante unas dos horas por lo menos para que coja consistencia y ya se puede comer. Lo suyo es cogerlo con pan de pita; pero untado en tostadas está bien rico también.


*A mí me gusta dejarlo con una textura similar a la crema de cacahuete para poder untarlo bien en las tostadas. Si lo vais a comer con pan de pita, no dudéis en dejarlo más deshidratado ya que tendrá un sabor más potente y será más fácil de coger.

jueves, 5 de junio de 2014

Croquetas de chorizo

¡Madre mía! Más de un mes sin publicar, ¡con el buen ritmo que llevaba! Este mes de mayo ha estado cargadito: cumpleaños, una boda, últimos días de clase... Espero que con estas croquetas vuelva la normalidad.

Las he hecho ya un par de veces -para picotear el día de Navidad y en un cumpleaños- y, además de llamar mucho la atención, han resultado buenísimas.

Lo mejor de todo es que las puedes congelar una vez rebozadas y así tenerlas listas para freír en un momento de apuro.



Ingredientes (para unas 30 croquetas):

100 gr. de mantequilla
100 gr. de harina
1 litro de leche
Nuez moscada (para ese gustito típico de la bechamel)
200 gr. de relleno del chorizo fresco
sal pimienta
1 huevo y pan rallado para el rebozado
Aceite para freír

¿Cómo se hacen?

En una sartén caliente echamos el relleno del chorizo desmenuzado para sofreírlo un poquito. No hace falta echar aceite a la sartén: será la propia grasa de la carne la que haga que no se nos pegue. Sacamos nuestro chorizo recién hecho a un papel absorbente.

Ahora es el turno de la besamel. ¡Vaya miedo me da hacerla de normal! Sin embargo, con estas croquetas nunca he tenido problemas. En una sartén grande y  profunda, ponemos la mantequilla a derretir. Una vez haya quedado líquida, añadimos la harina y la hacemos un poquito para que pierda el gusto a crudo.

Llega el momento difícil: vertemos la leche poco a poco. Un chorrito, y damos vueltas con brío a nuestro proyecto de bechamel hasta que casi se haya consumido la leche. Entonces podremos echar otro chorro de leche y volver a batir como si no hubiera mañana. Aquí está el misterio: remover, remover y volver a remover. Hasta que parezca que se nos va a caer el brazo.

Cuando por fin hemos vertido el litro de leche por completo a nuestra sartén, hay que subir un poco el fuego hasta que comience a hervir. Será en este momento del chop-chop cuando salpimentemos al gusto y añadamos la nuez moscada -con un par de cucharaditas a mí me pareció suficiente.

Todavía no ha terminado la pesadilla de las varillas: todavía falta que la "crema-proyectodebesamel" se cocine durante unos 10 minutos más. Por eso, lo mejor es contar con un pinche de cocina: un miembro de la familia que no sepa en qué lío se está metiendo.

Por último, añadiremos nuestra carne de chorizo lo más picadita posible y mezclaremos todo durante cinco minutillos para que nos quede una masa bien sabrosa. Con esto, lo difícil ha acabado.

Para dejar que se enfríe la masa -y así poder darle forma a las croquetas-, la sacaremos a un plato hondo y la cubriremos con film transparente. Cuando ya no esté caliente, caliente la podremos refrigerar y en unas horas tendrá la consistencia perfecta. Normalmente, yo la dejo reposar por toda una noche.

Llega el turno de la marranada; y es que ¡no veas cómo pringan! Haremos -o intentaremos hacer- bolitas de masa ayudándonos de un tenedor o una cucharilla. Cuando tengamos, más o menos, la forma deseada la pasaremos por pan rallado, luego por el huevo batido, y una vez más por pan. Así hasta vaciar el plato de masa y llenar una bandeja con nuestras croquetas de chorizo: Bolita, pan, huevo, pan. Bolita, pan, huevo, pan.


En otra sartén con aceite bien caliente, las freímos hasta que queden doraditas y ya están listas para comer.

En mi casa, donde casi nunca salimos de las croquetas de bacalao, estas han causado furor.